marzo 09, 2005

Combo Eugenides: toma todo.

Creo que nunca hablamos de manías de librería, ¿no? Sí sabemos que a los dos nos encanta pasar horas revisando estanterías, pero creo que nunca le conté que cada vez que entro en cualquier librería voy derecho a buscar una serie de libros que tengo en la mira, y que la única manera que tienen de salir de esa lista es entrar en mi biblioteca. Allí, en la lista de la compra, están Alta Fidelidad de Hornby, Hablando del Asunto y El amor, etc. de Julia Barnes, los Chuck Palahniuk (cualquiera de ellos, todos ellos) y varios más. El último que salió de la lista fue Las vírgenes suicidas.

Se puede decir que con esta historia empecé al revés. Lo primero que conocí de ella fue la banda sonora de la película, un disco glorioso de Air. La película tardó bastante más en llegar, precedida por todo el barullo que puede generar el debut como directora de la hija de Coppola, la morocha que hace de Mary Corleone en El Padrino III. La película resultó mucho mejor que las altas expectativas que pudiéramos hacernos (si no la vio, alquílela, hagame caso, y ya que está alquile también Perdidos en Tokio y haga el doblete, que vale la pena, yo sé lo que le digo). Después vino la nota de Radar que le contaba más abajo y la lectura de Middlesex, y con todo eso conseguir Las vírgenes suicidas se transformó casi en una cuestión de estado. Lo logré hace un par de meses, justo antes de irme de vacaciones. Les quedaba sólo uno (el último en todas las sucursales) y estaba medio baqueteado, y para colmo es un libro caro (39 mangos) y no me hicieron ni medio peso de descuento. Pero me lo compré igual. Y no me arrepiento en absoluto.

La historia, contada en primera persona del plural, tiene la forma de los recuerdos que un grupo de cuarentones "coleccionaron" en la época adolescente, cuando vivían "obsesionados" por sus vecinas, las hermanas Lisbon, cinco chicas de entre trece y diecisiete años, hijas de una madre dominante, ultra católica y conservadora y un padre dócil y resignado. El puntapié inicial de la leyenda es el intento de suicidio de la menor, concretado en segunda vuelta unas pocas semanas después. El golpe es demasiado fuerte, tanto para la familia como para el resto del barrio. Las estrictísima normas de la familia (nada de salidas con chicos, vestidos tres talles más grandes, quema de discos de rock y otras delicias similares) hacen eclosión después de que una de ellas llega de una fiesta dos horas más tarde que sus hermanas. La madre entonces impone un encierro definitivo para la familia, pretendiendo aislarlas del mundo y las tentaciones. Un año y medio después, las cuatro hermanas restantes se suicidan y sus muertes no hacen más que agrandar el mito. Pero antes del final, las chicas encuentras formas de comunicarse y hasta de pedir ayuda que los narradores, sus vecinos y hasta se podría decir sus admiradores más fervientes, no logran comprender hasta que ya es demasiado tarde.

Otra vez Eugenides usa el caso particular para contarnos historias más grandes. Las hermanas Lisbon son el reflejo condensado del "misterio de la femineidad" (como dice en la contratapa) visto a través de los ojos de un grupo de "hombrecitos", un enigma que ni siquiera veinte años después, con la "vida hecha" y todo logran desenredar. Otra vez, usa una metáfora deliciosa para acompañar a la historia principal: la desgracia de las hermanas Lisbon es casi paralela a la agonía de los olmos del barrio, afectados por una plaga rarísima y condenados por las autoridades a la poda completa.

Con este libro me pasó algo que nunca antes me había pasado: lo terminé de leer (lo devoré, como siempre que una historia me atrapa) y de inmediato lo leí de vuelta. Ni la revista del domingo quedó en el medio: así como llegué a la página 229 volví a la 9 y lo empecé otra vez. Y volví a devorarlo.

Una nota más a propósito de la película: es una de las mejores adaptaciones que recuerde, con la ventaja de que se trata de un libro bueno que resulta en una buena peli.

A propósito del affaire Almudena Grandes, tengo que hacer un descargo: el libro que yo le recomendé no era ese que usted intentó leer y no pudo sino Los aires difíciles. Ése es el único que leí además de Las edades de Lulú (que no me gustó demasiado).

marzo 07, 2005

Combo Eugenides: primera toma.

No vale que me cargue: supe quién era Eugenides gracias a su amiguito Fresán. Enredado entre palabras difíciles y conceptos un poco intrincados (novela "de cámara, coral" versus novela "operística", de milagro sin los clásicos subtítulos "uno", "dos", etc), Rodrigo hablaba de la "esperada" aparición de la segunda novela de Jeffrey, Middlesex. Esperada por dos motivos: primero porque tardó una década en escribirla y segundo porque después de leer Las vírgenes suicidas, cualquier persona quiere más. Mucho y rápido. Hasta la nota, yo no sabía que este tipo era el autor del libro que adaptó Sofía Coppola para su primera película, Las vírgenes suicidas (que en realidad queda como la apresurada traducción de The Virgin Suicides, que de ningún modo es lo mismo). Y después de la nota me quedé con ganas de comprar los dos libros.

Salvando las distancias (siderales, pero créame que vale la comparación), Middlesex es una saga familiar al mejor estilo Cien años de soledad. Pero mientras en la de Gabo el realismo mágico inunda la historia de la familia, la hace densa y por momentos difícil de seguir y hace que los componentes "mágicos" cobren mayor importancia que lo "humano" (no me diga que esta no es una tesis aventurada digna del mejor crítico de suplemento de cultura), en Middlesex lo más importante es la familia Stephanides y todo lo demás se subordina a contar su historia.

No tengo dudas de que si siguiéramos el camino de la comparación encontraríamos paralelismos como para hablar durante meses. Pero también estoy segura de que ni usted ni yo queremos hacer eso. Así que me voy a concentrar en Middlesex y usted tendrá que completar los razonamientos. La historia de los Stephanides se remonta a la década del veinte y empieza en una aldea griega en Esmirna, devastada por los turcos. De allí se escapan dos hermanos huérfanos y logran subirse a un barco que los lleva a América. Cuando llegan a Detroit son marido y mujer. Instalados en la casa de una prima, los hijos de las dos parejas crecen juntos y también se casan. El producto final de tanta sangre mezclada consigo misma es Cal, el narrador de la historia, un hermafrodito criado como Callíope hasta que, en pleno desborde de la adolescencia, las hormonas masculinas se le rebelan y lo revelan. Una historia singular contada como la consecuencia natural de una historia familiar, en la que el cultivo de la seda (un don natural que Desdémona, la matriarca, trajo de su tierra) es una metáfora hermosa de la historia de Cal. Entremezclado con todo eso, pasan muchos de los grandes hitos americanos: el furor fordista, la gran depresión, la ley seca, los contrabandistas de alcohol y los bares clandestinos, los enfrentamientos raciales, la guerra, los dorados '50, la arquitectura moderna, el cadillac y hasta los hippies. Eugenides es un descendiente de griegos nacido en Detroit y sabe de lo que habla. Cal necesita contarnos su gran secreto para poder entenderlo y entenderse y lo hace de una manera simple, en un perfecto desorden que va mezclando las distintas décadas del siglo, hilvanadas como largos hilos de seda que nos invitan a tirar de ellos cada vez que el narrador los deja sueltos para retomarlos después.

No sé si con todas estas frases ingeniosas que escribí puedo convencerlo de que lea Middlesex. Pero si necesita algo más directo, acá lo tiene: cómprelo, consígalo, búsquelo en internet o pídamelo prestado. Pero léalo. Estoy segura de que a usted le va a encantar.

Cambiando un poco de tema: tengo ganas de poner una columna acá al costado con links a las citas de libros de La Lectora, ¿qué le parece la idea?

febrero 24, 2005

Almuneda Grandes

¿Se llama así, no? Ud. me dijo que había aprendido a escribir esta muchachita, luego de Las Edades de Lulú. Bueno, el asunto es que vamos con mi amiga Karen a la librería Alejandría de Mardel, que tiene un cafecito tipo Losada, ¿vio? y mi amiga me dice elegite un libro. Luego de mucha indecisión (para mí estar con alguien conocido en una librería es como estar con alguien conocido en el vestuario de un club: la misma sensación levemente incómoda), estoy entre La Balsa de Piedra y Te llamaré Viernes. Finalmente elijo este último y lo empiezo a leer, exactamente las 32 primeras páginas porque la 33 y 34 y la 38 y 39 están en blanco. Esas 32 páginas sumamente aburridas, me convencieron, al ir a devolverlo, de la sugerencia de cambiarlo por otro, ya que de ese no tenían más ejemplares. Así que me quedé con El Guardian junto al centeno.

febrero 22, 2005

Libros de verano v 2.0 (segunda parte)

Le sigo contando mis libros de verano:

Me regalaron El pie de mi padre, de Zoé Valdés, que es una cubana exiliada que según dice en su biografía es una autora por demás prolífica, reconocida y premiada. Esta la historia de Alma Desamparada (ya se puede dar una idea de cómo viene la mano), hija de una madre muy pobre que la trata como si le hubiese arruinado la vida y un padre desconocido. Hasta la mitad del libro, más o menos, su destino parece no ser otro que la misera extrema, hacerle honor a su nombre en un país que la autora pinta tan desalmado como su deplorable familia, incapaz de tener sentimiento alguno. En semejante panorama, ella busca a su padre en cada hombre con el que se cruza, convencida de que lo va a reconocer por sus pies. Pero entonces ella "decide" rehacer su historia, inventar una gran mentira para hacer que su vida valga la pena. Según dice la contratapa todo lo que viene después de esta declaración es una "vida imaginaria en la que ella se convierte en una escritora de éxito", pero a mí no me queda taaan claro, es cierto que es demasiado cambio pero en ningún momento está muy explícito que sea todo una fantasía. Más o menos lo que pasa es que ella de repente crece, se enamora de un funcionario de la revolución que después se muere en un accidente aéreo, conoce a su padre y lo "perdona", se hace amiga de dos jóvenes que se contagiaron de sida voluntariamente (¡¡!!), se descubre embarazada y así y todo decide dejar la isla en un bote, ¡ella sola!, casi se muere en el medio de una tormenta caribeña, pero es rescatada y llevada a ¡Guantánamo!, y después se va a ¡París! y tiene a su hija y vive feliz sin tener que volver a "bajar la cabeza jamás". En el medio, palos y más palos al régimen, su burocracia, su deshumanización y sus consecuencias. Y sí, parece todo una gran mentira, pero en ningún momento hay algún nuevo elemento que nos permita ver lo que supuestamente pasó con la real y/o verdadera Alma Desamparada que se moría de hambre e imaginaba una vida mejor. Qué quiere que le diga, yo que Ud. no lo intentaría: si quiere leer historias de gente muy pero muy pobre, le recomiendo Ojos azules, de Toni Morrison, que me parece mucho más interesante y mejor escrito.

Ahora me toca la peor parte, confesarle que leí un libro de... ¡Jaime Bayly! Sí, aunque no lo crea, el único atenuante que se me ocurre es que me lo regalaron (junto con el libro anterior, aunque lo único que comparten es que en aquel la autora se llama Zoe, que es el mismo nombre de la protagonista de éste). En fin, el tipo no deja de ser un personaje interesante que dice cosas que escandalizan a más de un pacato, aunque sea más efectista que otra cosa. Le decía que La mujer de mi hermano está en las antípodas de El pie de mi padre: de los chicos pobres que tienen hambre pasamos a los ricos que tienen tristeza. Y sí, acá hay guita para tirar al techo, una ostentación casi revulsiva. Ignacio es el banquero más poderoso del condado, un tipo correcto, obsesivo con sus rutinas y sobre todo controlado, que tiene una esposa "bellísima", dedicada a hacer gimnasia y cursos inútiles. La única cagada es que no pueden tener hijos porque él es estéril. Pero salvo ese detalle, todo es tan perfecto que los dos se aburren, sobre todo ella, hasta que no se le ocurre mejor idea que darle cabida al hermano menor de él, un pintor bohemio y apasionado, tan mantenido como ella, cuyas prioridades son el arte, el alcohol y las mujeres, no siempre en el mismo orden, y que para colmo se quiere "vengar" de su hermano, no sólo porque es más exitoso sino por un lejano episodio de sexo entre hermanos (que está traído bien de los pelos como para no dejar de tocar un tema que parece tan imprescindible a la literatura de estos tiempos). Cuando se encama con el pintor, Zoe encuentra el "equilibrio": el tipo que le da seguridad, contención y, sobre todo, una chequera solvente, y el que le da masa a más no poder. Todo iría bárbaro si no fuera porque ella es una completa tarada que deja el celular prendido sin querer, haciendo que el banquero empiece a darse cuenta de que le adornan la cabeza. Usted esperaría el Gran Despelote, con ríos de lágrimas, gritos, sangre y vendettas, pero no, Ignacio es tan controlado que no sólo termina perdonando a todos sino que además se hace cargo del hijo que le hizo el hermano a su mujer. Así y todo, la historia no estaría tan mal si no fuera que además está plagada de lugares comunes (la histérica, el trabajador-aburrido vs. el bohemio-pasional, el culto al cuerpo, el dinero vs. la pasión, el matrimonio vs. la libertad, y mil etcéteras más), inundada de repeticiones innecesarias y escrita de una manera que hasta a Corín Tellado le daría vergüenza. Le doy un ejemplo: Zoe quiere dejar a su marido y piensa en escribirle una carta de despedida y nos detalla todo lo que piensa decirle en ella. A continuación, viene la carta de despedida donde le dice todo lo que nos había adelantado en la página anterior. Porque, por si fuera poco, todo el libro está narrado desde los puntos de vista de los tres, pero en una forma en que las visiones no se complementan sino que se superponen. Y no sólo eso, los personajes son tan pero tan estereotipados y tan pero tan detestables y mezquinos y estúpidos que hasta tientan a pensar que todo es a propósito y que Jaime en realidad se está riendo de nosotros, contando una suerte de folletín hiperexagerado vaya a saberse con qué intenciones transgresoras.

Y para terminar, el pasajero VIP del bondi: La noche del oráculo, de Paul Auster. No le voy a decir demasiado de este libro porque hablan de él en todos lados, "el esperado regreso del mejor Auster". Más allá de que el tipo sigue escribiendo historias de escritores, en este caso el planteo es muy bueno: una serie de novelas, una adentro de otra como las cajas chinas. La historia de un escritor, Sydney Orr, que sobrevive a una enfermedad por la que lo habían desahuciado y empieza su lenta recuperación escribiendo, en un cuaderno azul (con sugeridas propiedades extraordinarias, para mí, desperdiciadas) la historia de un editor que, enfrentado a la muerte, decide cortar con todos sus lazos y empezar una nueva vida en otro lado, llevándose sólo un manuscrito, una historia inédita de una escritora consagrada que decide escribir algo diferente a toda su producción. No me diga que no suena interesantísimo, sobre todo por el mix que surge de la historia principal mostrada en los hechos, la segunda esbozada en el cuaderno y los detalles parciales de la tercera, necesarios para darle estructura a la anterior. Todo bien hasta que la historia del cuaderno azul entra en un punto muerto (lo que me lleva a un lance más que audaz ¿será el mismo punto muerto de Auster, que no puede salir de las historias de escritores?), y la linda estructura se diluye para priorizar la de Sydney y su necesidad de reconstruir su vida de una vez por todas. En fin, el libro fluye, como decimos siempre, se deja leer, pero si quiere mi opinión, todavía está bastante lejos de La música del azar, Mr. Vértigo y Leviatán, que sin duda son el mejor Auster.

febrero 20, 2005

Libros de verano v 2.0 (primera parte)

Como estoy atrasadísima con mis reseñas le voy a hacer un bondi parecido al suyo con algunos de los libros de las vacaciones. Los demás, los mejores, me los reservo para sacarles más jugo.

Leí El grito, de Florencia Abbate, que es una novela construida a partir de cuatro historias cuyo principal vínculo es que suceden a fines del 2001, entre cacerolazos y presidentes renunciantes. "¿Y eso les da unidad?", me preguntará Ud. Bueno, le contesto yo, si no recuerdo mal, el protagonista de la primera, un típico post-adolescente de estos tiempos es el hijo de un empresario que a su vez es el novio del decorador de interiores que escribe la larguísima carta que es la tercera historia y a su vez es un viejo conocido del ex-guerrillero que repasa su vida y sus amores en la segunda parte, uno de los cuales, el más significativo, es una escultora enferma terminal, que se aisló del mundo en su departamento hasta que del cielo le cae de visita un amigo del hermano del pibe de la primera parte (literalmente, el chico aterriza en el balcón de la mujer). No, no me ponga esa cara, ya sé lo que me va a decir, pero en la solapa (que Ud sabe que leo con tanta atención como las contratapas) dice textualmente: "El grito es su primera novela". Sea lo que sea, todas esas voces le dan algo que a mí me gusta tanto: multiplicidad de puntos de vista. Ese es, para mí, el mayor acierto de El grito: escuchar lo que cada personaje tiene para decir, en primera persona. Claro que algunos lo hacen de una manera más verosímil que otros y todos terminan, tarde o temprano, declamando o explicando demasiado. Porque, por otra parte, la novela que no se priva de nada: la coyuntura de una época turbulenta, los recuerdos de otra (y sobre todo las diferencias entre ambas), las familias disfuncionales, el sexo, la enfermedad, el toque homosexual, y hasta un poco de alarde de una gran cultura general (Ud. sabe cuán difícil es para quien escribe, sustraerse a la necesidad de mostrar cuánto sabe y cuánto leyó en su vida). Todo eso da como resultado un universo que supongo que al común de la gente la deja afuera, mirando incrédula como si se tratara de uno de esos programas de la tele lleno de travestis, bailarinas de caño y marginales. A pesar de todo esto, El grito se deja leer, es llevadero, está bien escrito y, con su galería de personajes entre freaks y abúlicos, no deja de ser una pintura de una época casi idem.

En el extremo opuesto de la primera persona declamada del libro anterior, leí "Medieval Times", un cuento de Roberto Fontanarrosa que forma parte de La mesa de los galanes. No recuerdo si alguna vez hablamos del Negro, pero a mí me parece brillante, de lo mejor que han dado estas tierras a la literatura. Los textos del tipo fluyen, tienen un timing perfecto y te llevan con una naturalidad asombrosa. Los personajes son tan verosímiles que prácticamente los escuchás hablando, contándote lo que quieren contarte. En este sentido, "Medieval Times" es impecable, tanto en estructura como en la historia: es el largo monólogo de un tipo que le cuenta a un amigo lo que le pasó en un viaje a los Estados Unidos y de paso expone todas las lacras y miserias del típico argentino medio, xenófobo, racista, machista, desbordante de prejuicios y viveza criolla. A diferencia de cualquiera de los personajes de El grito, un tipo que cualquiera puede conocer. Si quiere se lo mando, lo tengo en un documento de Word.

Y como este bondi ya está demasiado lleno, le cuento uno más y me dejo el resto para otro capítulo: después de una sobredosis de Eugénides que le detallaré en otras oportunidad, leí El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, que es el tipo de bigotes extra large que cuenta los Cuentos de terror en los sábados de I-Sat, si no me equivoco. No es el primero que leo de él y tampoco el que más me gustó, y le digo esto porque no sabe lo que me cuesta decir algo de este libro. Es la "historia" de un gusano que va de techo en techo, listo para saltar sobre las mujeres y cogerlas, ayudado por su capacidad de cambiar de aspecto, emitir penes y su talento para la seducción. Es también, una suerte de estudio sociológico sobre las cloacas de Nueva York (o de Buenos Aires, ni siquiera el autor lo tiene claro todo el tiempo), su estructura social, sus habitantes y formas de vida. Pero es, más que nada, un delirio sin par de un autor que se especializa en delirios: uno lo lee y no termina ni de sorprenderse ni de creer que haya alguien capaz de escribir de ese modo entre directo, bizarro y revulsivo. La verdad es que me resultó muy original y muy divertido, pero si Ud. nunca leyó a Laiseca le recomendaría que empiece por algo un poco más normal, como Beber en rojo, que es algo así como la historia de Drácula en el año 2000. Y es muuuy bueno.

Eso es todo por ahora, aunque no quiero terminar sin volver al tema Bolaño. ¿Vio que ahora todo el mundo lo conoce y lo lee? No sé Usted, pero a mí hasta me dieron ganas de revisar el post de Putas asesinas. Qué quiere que le diga, tanto revuelvo y homenaje póstumo me dan ganas de incursionarlo un poco más. Avíseme si consigue algo.

febrero 17, 2005

Libros del verano

Le reseño lo que he leído este verano, que como Ud. verá no ha sido de la mejor literatura.

Para empezar me tomé el trabajo de leer La función del orgasmo, de Wilhelm Reich. Lo mejorcito. Un libro difícil no por lo erudito sino por la forma en que fue escrito o traducido. Reich fue discípulo de Freud, militante del Partido comunista, y el precursos de las terapias corporales que están tan de moda. Este libro cuenta la historia de su progresiva separación del psicoanálisis ortodoxo y su descubimiento de la terapia del orgasmo y le bioelectricidad. Lo más interesante para mí -que ya conocía más o menos el pensamiento de Reich- es leer cómo él se considera el guardián del pensamiento psicoanálitico original y a todos los demás, incluído Freud, como desviacionistas, en función de que energía sexual deja de ser el tema principal para concentrarse en otros temas, como el instinto de muerte. Reich cree que todas esas "intelectualizaciones" son concesiones del psicoanalisis a la moral burguesa.

Después leí Por los pelos, de Marian Keyes, que según la contratapa es una de las revelaciones de la literatura joven inglesa (no se si eso lo ha leído alguna vez en alguna contratapa). Me sorprendió que en la calle Guemes de Mar del Plata, una librería reconcheta tenía varios libros de ella en la vidriera. No lo lea. Es una especie de Corin Tellado moderno, con el condimento de amigos homosexuales, trastornos de la alimentación, un poco de psicología barata y mínimo sexo explícito. Hay gente que se gana la vida fácil.

Después, aunque no lo crea, leí El código Da Vinci. Le comento que Martín lo leyó en 24 hs. No es tan largo como parece. Al principio me enganchó pese a los obvios clichés de novela policial barata. Luego me aburrió, y finalmente me molestaron las trampas que fue haciendo al lector para llevarlo por caminos equivocados. Un producto de acá a la china, que, como las Tortugas Ninja, tienen un éxito insospechable hasta por la gente que conoce el negocio bien. Ojalá supiera como se hace, porque me pongo ya mismo a escribir. En cuanto a la información histórica, no conozco mucho lo que a la Edad Media y Templarios se refiere, pero en lo que es la prehistoria de los evangelios, por no decir el cristianismo preconstantiniano, me parece que su documentación es bastante berreta. Creo que uno de los éxitos es el caño que le da a la Iglesia.

Luego, en mi afán de lectura Robinsoniana, leí Salvajes, pero esa se la dejo para una próxima entrega.

diciembre 01, 2004

¿Una voz imprescindible de la literatura en lengua española?

Me pasó una buena cantidad de veces -si mal no me acuerdo Ud. fue el primero- que al comentar que estaba leyendo Putas Asesinas de Bolaño, me pusieran cara de "¿quién?". Bueno, ahora ya no dudo de cómo se escribe el apellido y tengo el libro acá para recordar que se llama Roberto y es chileno, aunque anduvo exiliado por varios países. Lo terminé de leer y el saldo no me deja demasiado.

Putas asesinas es, además, el título del único cuento del libro que realmente vale la pena. No es una cosa que uaaaa, pero después de leer más de cien páginas de las que la mayor parte se la llevan tres cuentos cuyos personajes se llaman "B", "padre de B", "M" "U" y cosas por el estilo y vagabundean por México y Francia, aburriéndose -y aburriendo a los lectores- , meterse en la historia de "Putas asesinas" es casi el paraíso: una mina "elige" a un tipo que ve cantando en la tele, va a levantárselo al estadio, se lo coge y, cuando empieza el cuento, lo tiene atado a la silla y le explica, mediante un discurso alucinante y alucinado, por qué lo va a matar, mientras el tipo lo único que puede hacer es gesticular y desesperarse.

En una frase de ese cuento se basa la buenísima operación de marketing que hay en la contratapa del libro. Claro que nadie espera que allí se tire abajo la obra que se presenta, pero al menos un poco de sinceridad no estaría de más. Decir que "Carnet de baile" son 69 razones para no bailar con Neruda es audaz, de los viajeros aburridos, dice que es un "descenso a los infiernos", pero lo peor es que rescata "Fotos", que es el típico cuento en el que el autor quiere demostrar cuánto sabe: el protagonista, anclado en África (aunque también podría estar en Madrid, Siberia o la luna), encuentra una edición especial de poesía francesa y la repasa, mira las fotos de los autores y piensa pelotudeces. Y a este tipo lo presentan como un consagrado, se da cuenta...

Del resto del libro, poco y nada. Algunos recursos estilísticos rescatables y adjetivos para copiar en la libreta. Me gustó bastante el cuento de los jugadores de fútbol que se transforman en cracks gracias, supuestamente, a la magia negra, pero ni con éste logra cortar el clima de abulia y excepticismo que atraviesa este libro lleno de perdedores aburridos. Qué quiere que le diga, la verdad que la moda loser me tiene bastante podrida.

Ud. sabe que todavía leo libros de papel. Y que Anagrama no es una colección barata. Putas asesinas llegó a mi casa gracias a la manija que le dio Fresán en el Suplemento Radar de Página/12, otra excelente operación de marketing. No se asombre si dentro de un tiempito le llega la noticia de que Bolaño le hizo un monumento a nuestro querido Rodriguito.

noviembre 15, 2004

Historias de islas y naufragios

Como le conté, estoy leyendo historias de náufragos. Volvi a leer La isla de coral de Ballantyne -¿se escribe así?- que había leído cuando tenía diez o doce años. Y también El Señor de las moscas de W. Golding. Y si siempre los libros refieren a otros libros, en este caso la referencia es explicita y obliga a una lectura diferente del libro de Golding.

Está por terminar la novela y la isla es un caos: los chicos han empezado a matarse entre ellos, a Ralph lo están cazando como a un cerdo y como incendian media isla para obligarlo a salir de su escondite, alguien ve el fuego y Ralph de pronto se encuentra a los pies de un oficial de la marina, que al verlos pintados como indios dice:

"-Me parece -dijo el oficial, pensando en el trabajo que le esperaba para contar a todos-. Me parece a mí que para ser ingleses..., sois todos ingleses, ¿no es así?..., no ofrecéis un espectáculo demasiado brillante que digamos.
-Lo hicimos bien al principio -dijo Ralph-, antes de que las cosas... Se detuvo.
-Estábamos todos juntos entonces... El oficial asintió amablemente.
-Ya sé. Como buenos ingleses. Como en la Isla de Coral."
En La Isla de Coral, Ballantyne describe a los salvajes como malvados, antropófagos, sádicos y sólo gracias a los misioneros cristianos que traen la civilización y la fe, estos llegan a convertirse y hacerse buenos. El señor de las moscas es como la contrapartida: ¿qué pasa con los buenos ingleses? Terminan matándose entre ellos.

Otra cosa: vi las dos versiones fílmicas de El señor de las moscas, la de Peter Brook y una más moderna. Las dos me parecieron una cagada.

noviembre 12, 2004

Filo & La hija de canibal

Le cuento que acabo de terminar dos novelas con las que fui zapeando las dos últimas semanas: La hija del canibal de Rosa Montero y Filo de Sergio Olguín. Tienen algunas cosas en común, tanto que se me confundieron las historias en algún punto. Una en España y otra en Argentina pero en las dos mafiosos, chorros, policías corruptos, amores y desamores y sobre todo mujeres que ya no aman a sus maridos gordos y aburridos.

De Filo lo más lindo es todo lo que cuenta del ambiente universitario que, como usté sabe, es de lo que yo más prefiero y especialmente si de literar se trata. Pero está intersante, al menos porque ésta no la leí sino que la escuché según ese método secreto que me enseñaron los ninjas para pasar un libro a archivos mp3 y luego escucharlos en el discman. Además tiene algunas escenitas de sexo explícito bien contadas, por si le interesan.

Los dos son libros sobre edades, con protagonistas que ya no se cuecen en un hervor, pero en el de la Montero, se hace explícito, y se vuelve, por momentos, medio en serio medio en joda, casi de Almodovar, un relato filosófico de alguien que reflexiona sobre las carnes que se aflojan, las arrugas que aparecen y lo que significa llegar a viejo.

Creo que la Montero se equivocó al colocar capítulos intermedios con una historia anarquista que quizá hubiera debido ser un epílogo, algo aparte.

En fin, todo por hoy.

noviembre 04, 2004

Un blog de libros

edu: estoy leyendo La hija del caníbal de Rosa Montero
edu: me parece genial
yaeL: en serio?
edu: sí, hasta ahora me alucina
edu: y mire que yo a la literatura hispanoamericana femenina no le juego ni una ficha
yaeL: igual que yo
edu: pero esta es gallega, lo que le sube un punto
edu: lo tenía Ale y un día le pedí prestado algo para leer en el subte y me lo dio
yaeL: lo voy a procurar, entonces
edu: creo que vale la pena
yaeL: a mí me encantó Almudena Grandes también
edu: me dijo
edu: últimamente ?escuché? también de Lorenzo Silva, La flaqueza del bolchevique, en audiolibro
edu: muy inteligente
yaeL: yo ahora estoy leyendo a Bolaño, chileno
yaeL: cuentos, Putas asesinas
yaeL: por ahora, zafa
edu: bien
yaeL: ¿le conté que terminé Las mil y una noches?
edu: uah, la admiro, preséntese al Guinness
yaeL: no sé si "vale la pena el esfuerzo", pero la verdad es que lo disfruté
yaeL: y ahí está la semilla de todos los cuentos infantiles
yaeL: aunque en verdad, de infantil no tiene nada
yaeL: ahora puede decir que conoce a una persona que leyó las 1001 enteras
yaeL: algo tan difícil como conocer a alguien que haya leído todo El Quijote
edu: le cuento algo increíble
edu: acaba de entrar mi telefonista
edu: Beatriz, casi 60
edu: marida de un pintor de casas
edu: con El Código Da Vinci en la mano
yaeL: diosanto...
edu: y dice ?a vos que te gusta leer, te lo presto porque lo acaba de terminar mi marido?
edu: me dio cosa decirle que es una basura, así que lo tengo en mi escritorio, y ya que está lo voy a chusmear un poco
yaeL: ¡qué leeeeeeeeendo!
edu: ¿pero no es gracioso? Estábamos hablando de libros y entra la mina con un libro que está leyendo todo el país. El jueves, cuando íbamos para Bahía Blanca, contamos tres volúmenes entre el aeropuerto y el avión
yaeL: ¿no le gustaría hacer una página donde hablemos de libros?
edu: estaría bueno
edu: donde publicar comentarios sobre lo leído
yaeL: así a la manera nuestra
edu: sí, y cosas como esta, de que entra Beatriz
yaeL: recomendaciones al alcance de la mano
edu: y anécdotas
yaeL: pelis basadas en libros
yaeL: todo relacionado con libros
edu: ¿qué seria?, ¿un blog?
yaeL: puede que sí, o no
edu: lo bueno del blog es que se puede renovar todo el tiempo
yaeL: pero de ser un blog sería un blog sin comentarios ni verduras blogueras
edu: ni referencias a otros blogs, nada de nada
yaeL: nada
edu: me gusta, empecemos con este texto
yaeL: dele, yo lo armo
edu: bien, una condición
edu: hay que hablar mal de Bukovsky
edu: o como se escriba
yaeL: yo no lo leí, así que Bukosky queda a su cargo
edu: es más debería ser casi un leit motiv
edu: cada vez que podemos hablamos mal de Bukovski y de ¿como se llama?
edu: el de p12
yaeL: pero también hablemos mal de Fresán
edu: ESE
yaeL: me lo sacó de la boca
yaeL: y de Isabel Allende
edu: obvio
yaeL: y del Código Da Vinci
edu: déjeme ver, mañana le digo