agosto 14, 2007
Gordo
La historia, dividida en recetas en lugar de capítulos, es original y divertida, un buen resumen de todos los padecimientos que atraviesa un gordo en cualquiera de los aspectos de su vida. La comida es omnipresente en la vida de Monchón y en el libro, causa principal de sus mayores placeres, traumas, culpas y sufrimientos. Las descripciones obsesivas de los platos dejan la sensación de que uno podría paladearlos y hasta empacharse. Y el remate está muy bueno, a pesar de ser casi un final de cuento de hadas: Monchón recupera su cuerpo y sus sentidos en plena faena sexual con Julia, que "lo ama por ser como es".
julio 03, 2007
Estilo Pilar
Espero que me perdone: leí Las viudas de los jueves de Claudia Piñeiro. Allá en mi ducha expuse una parte de los motivos que me llevaron a atreverme con el Premio Clarín de Novela 2005 (lo de la "cultura country" y mi curiosidad al respecto) pero tengo otros dos. Primero, el comentario de un amigo que en general recomienda bien (se deja leer, es entretenido, fluye); y segundo, la imperiosa necesidad de leer algo liviano, entretenido y fluido después de haber terminado una extenuante maratón de tres meses con Once upon a distant war, un señor libro sobre los corresponsales de guerra en los primero meses de Vietnam (que capaz me animo a comentarle en otro momento). Maratón no sólo por el tema o las más de 500 páginas en inglés sino también por el momento en el que se desarrolló, entre febrero y mayo, usted sabrá comprender.
Pero volviendo a Las viudas, la experiencia no fue ni mejor ni peor de lo que me esperaba, porque en realidad no me esperaba demasiado, ni siquiera después de leer lo que Saramago dijo de ella: "una novela ágil, escrita en un lenguaje perfectamente adecuado al tema, un análisis implacable de un microcosmos social en acelerado proceso de decadencia", cosa que no deja de ser cierta y, leída a conciencia, ni siquiera es un elogio, es apenas una descripción objetiva de lo que nos espera en el libro.
"Nadie puede perder el tiempo escribiendo la nada. Eso no quiere Romina. La nada. Romina no sabe qué quiere, pero eso no. "La nada que la escriba otro"."
Tengo la sospecha de que el principal problema de Las viudas… es que está escrito por una señora que gusta de pertenecer al mundo country pero le da vergüenza admitirlo. Probablemente, porque se sienta (o se sepa) superior a esa casta de señoras que juegan al burako y se reúnen a tomar sol e intercambiar experiencias sobre cirugía plástica, pero qué cómodo que es vivir en el country. Y entonces, a mitad de camino entre la nada y lo políticamente correcto, reniega del gueto pero se regodea en cada uno de sus rincones, para mostrar que adentro está todo lo malo, y que la única manera de zafar es mandándose a mudar.
Pero ¿qué es lo tan malo que hay adentro? Hay maldad, pero no mucha: una de las señoras quiere impedir que se mude una nueva familia porque tiene "apellido paisano". Se mudan igual. Hay violencia, pero no mucha: un marido le pega a su mujer, pero la cosa no va mucho más allá de la enunciación; una señora que desbarata su casa para vengarse del marido y dejarlo mal parado con la comunidad, pero después ella se va, el marido vuelve con su nueva mujer, y aquí no ha pasado nada. Hay corrupción, pero no mucha: las señoras le venden su ropa usada a las mucamas. Hay mucha mentira, pero nada demasiado grave: un señor le mete los cuernos a su esposa, otro le oculta que se quedó sin trabajo y así todo. Hay vicios, pero nada nuevo: algún porrito adolescente, alguna señora aburrida que se emborracha, algún hombre serio que se pajea para internet. Hay personajes marginales (a los que la autora trata denodadamente de mostrar como los únicos rescatables), pero no tanto: una mucama lesbiana, un pibe que espía a los vecinos desde los árboles, una piba correntina adoptada "a la fuerza" por una familia que sólo quería a su hermanito bebé. Y hay crimen, pero tampoco tanto: tres muertos en la pileta pero ningún otro asesino más que el capitalismo salvaje y la debacle social del 2001. Todos lugares comunes más transitados que la Panamericana un viernes a la tardecita.
"No es lo mismo contar que vivir. Es más difícil contar. Vivir se vive y ya. Para contar hay que ordenar y a ella le está faltando eso, ordenar, por dentro, las ideas, lo que le pasa. El cuarto por suerte se lo ordena Antonia."
Las viudas... no sólo es un libro liviano y lleno de lugares comunes y frases hechas, sino también previsible: al principio te tira los tres muertos a la pileta y, aunque no los vuelve a enhebrar hasta el final, enseguida te das cuenta qué pasó con ellos. La multiplicidad de voces más que sumar desordena, sobre todo cuando aparece la tercera persona no identificada, que vendría a representar a una cualquiera de las habitantes del gueto que hace las veces de narradora y nos cuenta cosas de la realidad (para ponernos en época) pero sin nombrarla: frases (que no son textuales, porque no da) como "un país del norte ataca a un país de medio oriente" o "un presidente renuncia y viene otro que se va rápido". Las pocas puntas medianamente prometedoras (los muertos, Romina, la venganza de la cornuda) se diluyen pronto y los personajes (autora incluida) deambulan abúlicamente entre la nada y la nada y la historia fluye, es cierto, pero también fluye el agua en el bidet y no por eso es una fuente.
febrero 27, 2007
empecemos por algún lado
bueno, en algún momento de todo este tiempo sin postear, tuve la oportunidad de leer otra novela del tipo este, Angosta, un hallazgo de mesa de ofertas de supermercado, porque la verdad es que a Héctor no se lo ve demasiado por las librerías, aunque ahora le publicaron un libro en el que escribe sobre el padre, creo. lo más raro es que Angosta está publicada en Buenos Aires y por Seix Barral, así que habrá que buscar un poco y capaz que aparece más, lo cual le aseguro que no puede ser nada malo.
le cuento un poco. Angosta es algo así como una ciudad estado que tiene una organización territorial y social sumamente jerarquizada y fascista. imagínese tres terrazas, en la más fría viven los ricos (la división social es cuestión netamente monetaria: el que tiene más de un millón es clase alta, sin que importe su raza, origen o religión), en la del medio, la templada, viven los masomenos y en la caliente viven los pobres. dice Héctor que "la geografía de Angosta es como la de la mujer (tierra fría de cimas nevadas, rosadas de aurora bóreal, tierra caliente, después de la cintura, la espuma del Salto de los desesperados, rodeada de bruma y arbustos)". por supuesto que los ricos pueden moverse libremente por Angosta, pero quién querría dejar el Paraíso para ir a visitar a los de abajo. en cambio, los de abajo necesitan salvoconductos otorgados por la tremenda burocracia para poder acceder a la parte alta de la ciudad, no ya a pasear, pero sí para poder ir a ocupar los puestos de trabajo del tipo recolector de basura o empleaducho necesarios para el funcionamiento de la cosa. esta organización en "pisos" se traslada también a un Hotel medio desvencijado de Tierra Templada donde transcurre gran parte de la historia, en donde los pisos más bajos están mejor mantenidos y son ocupados por los que pueden pagar más y los más altos son una especie de conventillo deplorable donde van a parar lo más pelagatos.
no le quepa duda de que Angosta tiene un gobierno típicamente dictatorial-latinoamericano, con milicos torturadores, desaparecidos, listas negras y una cascada, el Salto de los Desesperados, que es el último agujero del mundo, el punto en el que la tierra se come al río o el río se suicida, que es el lugar en el que el régimen lava sus trapos sucios y los suicidas se transforman en arbustos o piedras y después en árboles o pájaros.
¿le suena medio García Márquez? y sí, algo de eso hay, aunque menos metafórico pero sin perder el uso colorido y poético de las palabras en las descripciones y comparaciones. se ve que Faciolince admira a Gabo y a otros colombianos que no conozco, pero no les hace homenajes al estilo Bruno Morales, sino que los mete en el libro y los remarca como hitos turísticos: menciones hay por todos lados, los padres de una de las protagonistas emigraron de Macondo, se habla de los Buendía y todo llega al climax en un capítulo medio off topic en el que el protagonista, Jacobo Lince, un librero, tiene una charla sobre literatura colombiana en la que mencionan a todo el mundo, incluído "un tal Héctor Abad Faciolince".
este Jacobo es un tipo que pudiendo mudarse a la tierra alta, elige quedarse en la templada y esconder su condición de rico. Lince es lince, un donjuan que no quiere compromisos pero se curte a cuanta mina puede. y que por esas cosas de la historia se cruza con un pendejo casi escapado de su casa de milicos que es casi su contracara: un poeta romántico y tímido en busca del amor de su vida. a estos dos se les suma una pelirroja de tierras calientes y entre los tres van a terminar de héroes casi involuntarios, mártires en contra del régimen de Angosta.
hay dos cositas desde lo estríctamente técnico que me encantaron: primero, el uso de los tiempos verbales, que muchas veces suena raro pero nunca es al pedo. y segundo y más importante, la manera de presentar y describir los personajes: con asterisco que lleva a pie de página, donde se incluye datos filiales (edad, peso, contextura, rasgos) y características importantes del mismo, información tangente a la narración pero sumamente útil para cerrar a los personajes, incorporada sin cortar el hilo de la historia.
yo le recomiendo que cada vez que vaya al super y vea una mesa de libros, revuelva y trate de conseguir Angosta porque realmente está bueno. al menos, cómprelo para mí que lo tuve que devolver y le juro que me quedé con las ganas.
para que me crea, le dejo otra perlita que se suma a la que puse acá: "Al hablar iba poniendo signos de puntuación con sus gestos. La coma era un breve parpadeo; el punto y coma un lento alzar de cejas; el punto una sonrisa un poco más abierta. Esa sonrisa se esfumó de nuevo cuando emprendió la siguiente perorata; su manera de poner mayúsculas era tomar mucho aire para el primer impulso de sus labios:"
junio 15, 2006
Nietzsche, Judas y Mishima
Le cuento que hace rato que quería postear un comentario, porque anduve leyendo bastante, pero aunque sea voy a contarle de tres libros, y empiezo por Nietzsche, no es que me haya puesto a leer ahora al filósofo, que será siempre uno de los inspiradores de mi vida, es que leí El día que Nietzsche Lloró, de Irvin D. Yalom un autor que está en el medio entre la novela y la autoayuda. Como novela mala, de recursos bajos, o al menos de esos que yo jamás usaría, como el del final, donde el pobre Breuer, el famoso doctor que fue maestro de Freud y analizó a Ana O. ¿remember? se va de la casa y decide empezar una nueva vida, abandonando su exitosa profesión, su mujer y sus hijos para ir detrás de lo que Nietzsche le ha inspirado, la verdadera vida, sin la atadura de la esclavitud al deber, pero diez páginas después el lector se entera de que todo eso no sucedió realmente sino que es una ensoñación que Breuer tuvo, hipnotizado, o sea que sigue con su familia y su profesión y además, le ha servido para descubrir que se puede ser feliz amando la realidad en la que vive: "amor fati", como dicen los filósofos. Es un libro fácil, con todas las técnicas de los best sellers, si vale la pena que alguien lo lea, no es por lo literario sino precisamente por esa reflexión sobre cómo uno puede llegar a amar lo que es, la realidad en la que vive. El libro es además interesante porque retrata, supongo que bastante bien, el mundo vienés del principio del siglo XX, la época de Freud, del desarrollo del psicoanálisis.
Paso a un libro que me gustó: fácil, ameno y bien escrito, Qué bien besaba Judas, de Maira Papazanasopulu, una historia de amores, desamores y enredos, que tiene como escenario, la Atenas actual, esas novelas que me gusta leer cuando estoy medio bournout, porque no le exigen mucho a mi mente, pero me entretienen. La leí casi de corrido. Lectura de playa que le dicen.
Para retorcida en cambio, terminé, luego de varios intentos infructuosos, las Confesiones de una máscara, de Mishima, que era de esos libros que lo miran a uno desde la biblioteca y lo hacen sentirse culpable porque nunca había sobrepasado la página del muchachito de pelo en lo sobacos. Lo que más me extraña de la historia es que siempre dicen que la culpabilidad es más bien una noción occidental y cristiana, pero se nota que el virus ha sido bien inoculado, porque el pobre Yukio, en esta novela autobiográfica que escribió muy joven, es casi un estereotipo de neurótico culpógeno, y su homosexualidad una obsesión, un misterio terrible que no atreve a enfrentar y que lo recorre por entero. Claro, eran otras épocas, sin tanta tolerancia ni aceptación de la diferencia, pero estoy viendo, por ejemplo, El Gran espejo del amor entre hombres, un clásico de la literatura japonesa del siglo XVII, en cuya introducción se describe, como estaban prescriptas las relaciones homosexuales entre adultos y adolescentes. ¿Qué hay entre el Espejo y la Máscara? ¿Tres siglos? ¿El cristianismo impregando la cultura tradicional japonesa? ¿O es que nosotros, en nuestra propia visión autocrítica de occidente hemos idealizado oriente, como cuando imaginamos que India es un continente de yoguis y maestros y no la masa inmensa de pobres al borde de la inanición?
enero 25, 2006
dialoguitos del verano
le cuento que tengo un libro que no pude terminar de leer!!!
debe ser el 3ero en 20 años
primero, uno de leonidas lamborgini
no pude pasar de la pagina diez
edu dice:
ah yo lo poco q lei es insufrible
yaeL dice:
no pude entrar ni en el primer párrafo
too much
y mire que yo leí a laiseca, que no es fácil
pero lamborguini es blindado
segundo, el de las catedrales de vargas llosa
pero ese lo pienso volver a encarar "en algún momento"
edu dice:
vargas llosa es otro insoportable
edu dice:
yo lei el paraiso en la otra esquina
q tiene todos los materiales para ser una novela excelente
y es pesima
yaeL dice:
pero ese viene muy recomendado por mi marido, que se banca pocos libros
edu dice:
igual lo más viejo de Vargas Llosa es lo mejor
yaeL dice:
yo lo único que leí, con ganas y mucho placer de ese tipo fue la casa verde
es MUY bueno
y ahora acabo de secuestrarle a mi vieja el de la tia julia
pero dudo que vaya a leerlo yo
yaeL dice:
bien
el tercero en cuestión tiene muchísimo menos méritos
Erotópolis
edu dice:
ya el titulo...
yaeL dice:
de una ilustre desconocida que se llama lysyk
o algo así
concretamente la demostración de:
1- o bien que cualquiera puede publicar cualquier cosa
2- o bien que la tal lysyk se cogió a todo ediciones la flor y por eso publicó
3- o bien la lysyk es la hija bastarda de borges o de onasis y por eso publico
una Mierda
pero Mierda con ganas
parece escrito por ese tipo de chicos que agarran el diccionario y buscan todas las malas palabras
espere que voy a escribir erótico:
"pija, culo, coger, vagina..."
intragable
y ud sabe que yo soy de mucha paciencia
pero la boluda esta me pudo
edu dice:
yo abandoné, por tercera vez creo, Memorias de Adriano
pero considero q es culpa mía y no de la novela
yaeL dice:
ese lo leí entero!!
edu dice:
llego siempre a la pagina 20
edu dice:
y ya estoy más embolado de la vida que el mismo Adriano
yaeL dice:
no es fácil
edu dice:
y mire q la Yourcenar me fascina
edu dice:
bueno, hemos hablado de libros
edu dice:
podríamos postear esto
yaeL dice:
dele, postee
yaeL dice:
que ud tiene bandancha
enero 18, 2006
Autoayúdate que Buda te ayudará
Y ya que nos pusimos muy espirituales, bajemos a la dura materia. Me tomé el trabajito de leer Padre Rico, Padre Pobre, primero de Robert T. Kiyosaki, un libro de autoayuda financiera. Tuve que tragarme una pila de páginas en las que el hombre acierta en un par de ideas, como que sería mejor que uno invirtiera la plata en lugar de gastársela porque la plata que se invierte genera más plata y luego uno puede gastar los excedentes. Pero luego, a la hora de la práctica uno ve que los ejemplos son traídos de los pelos, que lo que parece que es una simple decisión: deje de trabajar para otros y trabaje para sí mismo, no da resultado tan fácil (mire en qué terminan casi todos los retiros voluntarios e indemnizaciones de este país). Pero además es, de acuerdo a esa ideología del norte, según la que ser pobre es un pecado, el libro es un manual del egoismo y la falta de solidaridad que aparte de este Kiyosaki, creo que sólo Bush podría haber escrito. En fin, a los efectos prácticos una basura, a los fines éticos ídem.
Y para terminar con estas cuestiones existenciales, acabo de terminar la divertida novela "Cuarenta y tantos", de Nigel Williams, que es el diario personal de un hombre de casi cincuenta años, enfrentado a su barriga, su mujer independizada y sus hijos adolescentes, con el background de la BBC, donde trabaja el pobre tipo, como actor de una novela radiofónica. Aunque el final tiene un toquecito moralejista que mucho no me gustó, las quinientas páginas me las tragué ansioso, lo que no es común. Eso sí, consejos para la vida, ninguno que me sirviera.
noviembre 09, 2005
Libros que no terminaré
Y habando de costumbrismo histórico, dejé también la autobiografía de Gore Vidal, un autor que me impresionó mucho cuando leí La ciudad y el pilar de sal y me entretuvo con su Creación y también con Mesías, pero sucumbí en Una Memoria, al larguísimo capítulo sobre el senador Gore que era abuelo de este muchacho que forma parte de la estirpe de los Gore, a alguno de los cuales le robaron una presidencia hace algunos años, si mal no recuerdo. Y los entretelones de la vida de los Kennedy y otros amiguetes del chaval no lograron interesarme como para avanzar más allá de dos quintos de la historia.
Anthony Burguess prometía: cualquiera piensa que el autor de La Naranja Mecánica, sólo puede hacer obras muuuy bueeeenas. Pero El Reino de los réprobos, que trata del origen del cristianismo, me desilusionó. Ahí le digo que no llegué a las cien páginas, nada me resultaba muy creíble, y el refrito de las fuentes históricas -recuerde Ud. que es algo de lo que conozco bastante- me resultó bastante obvio. De todos modos, una novela sobre ese período es difícil que me guste, aunque Ud. ponga el grito en el cielo, tengo que decirle que el Evangelio de Jesucristo de su querido Saramago tampoco me gustó, y posiblemente no me gustaría El Rey Jesús de Robert Graves ni El Evangelio del Hijo de Norman Mailer si los leyera. Para la vida de Cristo, los evangelios o Kazantzakis.
Termino con otra del tema naufragios: sabía que Coetzee, el premio nobel , había reescrito la historia de Robinson Crusoe, en una novela que se llama Foe. Finalmente, como muchos textos de Coetzee, llegaron a estas tierras y pude leerla, pero pese a que es bastante corta, no llegó a interesarme en absoluto esta historia de una mujer que cae en la isla de Robinson. Fue desilusión a primera vista, pese a lo cual intenté remar hasta llegar a alguna tierra en la que hacer pie, pero no había nada en ese texto que me atrayera.
octubre 05, 2005
Perec x 2
junio 24, 2005
Batmanes eran los diantes
junio 13, 2005
Por poco me engañás
Le decía, sabido es que Fresán no me gusta. No me gustan ni sus libros, ni su pedantez, ni su etiqueta de escritor puesta antes de que publicara, ni nada. Después se fue a España y empezó a publicar en Radar, yo no le daba bola y las pocas veces que leía media nota, de puro aburrida, era solo para constatar que no me gustaba. Sin embargo, de un tiempo a esta parte y coincidiendo con que los domingos a la mañana tengo tiempo para leer de punta a punta el suplemento ése (y sí, entre la Viva, la Revista de la Nación y Radar, no quedan demasiadas dudas...), me he descubierto no sólo leyendo notas enteras de Rodrigo, sino que, muchas veces, hasta estuve de acuerdo con él. No, no me mate, espere. Sigo pensando lo mismo de él, y más todavía, me parece que se agarra a los recursos ingeniosos hasta hacerlos insoportables (por ejemplo los subtítulos "uno", "dos", etc.), que todo él se cree o quiere hacerse el ingenioso y generalmente se pasa de pretencioso y que muchas veces hace grandes producciones o ejercicios reflexivos sobre la nada, como por ejemplo la nota sobre el participante argentino en el gran hermano español. Pero de un tiempo a esta parte, le decía, algunas notas me gustaron y, lo peor, mientras las leía podía Ud. verme asintiendo con la cabeza.
Y sí. Escribe sobre música y me dan ganas de bajarla y encima me gusta cómo suena (a Badly Drawn Boy ya lo conocía, pero los Arcade Fire son casi un hallazgo). Escribe sobre a Guerra del las Galaxias y, aunque ví solo la primera (que ahora es la cuarta) y hace como mil años, me identifico con muchas de las cosas que dice. Salvo cuando se trata de libros (y sobre todo SUS libros de EL), nos ponemos de acuerdo. Y lo mismo me pasó ayer, leyendo la nota sobre Superman y Batman. Hasta que llegué al "nueve" y volvimos a cero.
La verdad es que no es una tesis muy audaz decir que Superman es nabo, porque se aprovecha de sus superpoderes, se viste de piyama y posa siempre delante de la bandera norteamericana, mientras Batman es cool porque su traje está más bueno, busca venganza y, a falta de superpoderes desarrolla fuerza y astucia. Es bastante oportunista comparar a Luisa Lane con Gatúbela y dar por supuesto quién gana. Resulta muy simpático leer que el Héroe de Kripton es en realidad un antipatria, ya que lo único que puede vencerlo son los restos de su planeta devastado. Y hasta es gracioso llegar a la conclusión de que el hombre de acero, prácticamente un servidor público, tuvo la suerte de caer en una ciudad de nabos en la que nadie se da cuenta de que él es Clark Kent pero sin anteojos. Rodrigo invita, la pega, y otra vez nos hace cómplices de sus razonamientos ingeniosos. Y entonces mete la pata, y la mete bien metida. Porque es a todas luces inadmisible que el tipo se robe, casi literalmente y como si nada, un pedazo de Kill Bill II y ni siquiera lo mencione. Vea, si no.
Tarantino - Kill Bill 2 (2004)
Bill: An essential characteristic of the superhero mythology is, there's the superhero, and there's the alter ego. Batman is actually Bruce Wayne, Spider-Man is actually Peter Parker. When he wakes up in the morning, he's Peter Parker. He has to put on a costume to become Spider-Man. And it is in that characteristic that Superman stands alone. Superman did not become Superman, Superman was born Superman. When Superman wakes up in the morning, he's Superman. His alter ego is Clark Kent. His outfit with the big red "S", that's the blanket he was wrapped in as a baby when the Kents found him. Those are his clothes. What Kent wears, the glasses, the business suit, that's the costume. That's the costume Superman wears to blend in with us. Clark Kent is how Superman views us. And what are the characteristics of Clark Kent? He's weak, he's unsure of himself... he's a coward. Clark Kent is Superman's critique on the whole human race. Sort of like Beatrix Kiddo and Mrs. Tommy Plympton.
Rodrigo Fresán - Máscara vs. careta. Suplemento Radar (12-05-05)
NUEVE
Pero -ahora en serio- el verdadero problema es otro. Superman no usa disfraz. Batman sí. Superman se nos presenta a cara limpia e -invirtiendo la lógica del sistema del súper-héroe- su "personalidad secreta" es el torpe periodista Clark Kent. Bruce Wayne, por su parte, es un tipo definitivamente cool que se esconde -como le corresponde a todo súper-héroe- detrás de la máscara de rigor. Y he aquí lo ofensivo: Superman es como es y se "convierte" en el terrestre Clark Kent -le basta, apenas, un par de anteojos y peinarse ese mechón rebelde sobre su frente blindada- porque es así como nos ve a nosotros: torpes, cobardes, buenos para nada. Superman nos insulta e insulta la inteligencia de los humanos que -con la excepción de la histérica y siempre sospechosa peronada eficiente Luisa Lane- ya llevan casi setenta años incapacitados para descubrir lo obvio: ¡Clark Kent es exactamente igual que Superman si Superman usara anteojos! Bruce Wayne, en cambio, desaparece para que aparezca Batman detrás del rostro de un quiróptero de hábitos nocturnos que pasa el día colgado cabeza abajo. Y todos felices.
Casi las mismas palabras, ¿vio? Sobre todo, llaman la atención las que me hicieron sonar la alarma, las que me tomé el atrevimiento de poner en negrita. Y el tipo nada. Ni un "gracias Quentín" ni un "como dice Kun Fú en la última de Tarantino". Tampoco esa tesis es taaan original, seamos sinceros, pero reconocerla como ya formulada le hubiera anotado más de un poroto a nuestro Rodriguito.
junio 08, 2005
David Leavitt & Fernando Vallejo
junio 07, 2005
Las mil y una noches vs. El Decamerón
Bueno, yo que los leí a los dos (ya puede Ud decir que conoce a alguien que leyó Las mil y una noches enterito) puedo decirle que el imaginario popular está totalmente equivocado: esos libros son casi casi exactamente lo contrario a lo que ellos creen.
La mejor manera de leer Las mil y una noches es usarlo de transición entre libros. Cuando Ud. termina con un libro y antes de empezar otro, se lee un par de cuentos (o algunas noches) y cuando siente que: a) ya pudo dejar atrás la historia del libro anterior; y b) ya leyó una más que suficiente cantidad de "oh, rey afortunado" y/o "pero Alá es más sabio", da por terminado el recreo y sigue con el próximo libro. Digamos que LMyUN funciona como una "limpieza de paladar".
Y sin embargo, el libro es mucho más que eso: la mayoría de los cuentos son entretenidos y muy variados (hay aventuras fantásticas, viajes, amores y desamores, historias picantes y hasta fábulos morales)y si bien 3000 páginas son muchísimas y en algún punto las repeticiones se vuelven más que evidentes, uno llega a encariñarse con esos personajes y hasta con la meta-historia y la famosa Sherezada (que tiene tres o cuatro apariciones de peso, y después se limita a callar discretamente cuando aparece la mañana, y simplemente "decir" cuando, finalizadas todas las actividades del día, llega la hora del cuento que le va a salvar la vida por una noche más). Es liviano, sí, es literatura del tipo "pan con manteca", tan simple como deliciosa, lo que de ningún modo quiere decir que sea mala.
¿Por qué le digo que no es un libro para chicos? Porque si algo queda claro de las 1001 noches de Sherazada con el rey más los no-se-cuántos-cuentos que ésta le cuenta a su audiencia, es que la rutina diaria de los tipos (principalmente los de guita, pero también los pobres se las apañan para hacerlo), al menos en aquella época, se centraba mayormente en un trío de "c": comer, cantar y coger. Un poco más abajo, atender a los huéspedes e ir al hamman (el baño público) y después de eso, trabajar. Escondidos entre los cuentos puede encontrar las 1001 peripecias del viajero, las 1001 formas de engañar al prójimo, las 1001 formas de hacerse rico, los millones de premios y castigos que Alá les depara a los fieles y a los infieles, una infinita variedad de insultos que van desde el simple "perro infiel" hasta las más compleja y elaborada de las maldiciones (media página), todo un diccionario de sinónimos increíbles para denominar al acto sexual y a los genitales, el recetario oriental completo, el manual de etiqueta y una multitud de hombres bellos como lunas y mujeres de caderas generosas, bellas como el cuarto creciente de ramadán que se solazan entre sí y comen hasta reventar, sin olvidarse nunca de agradecer al Retribuidor por todos los bienes que éste les depara.
Al lado de Sherezada y sus amigos, los persoajes del libro de Boccaccio son una manga de bobos. La meta historia de El Decamerón cuenta que siete mujeres y tres hombres (más sus sirvientes, cocineros, ayudantes y hasta el loro, sin los que les sería imposible sobrevivir ni un par de horas) se instalan en la campiña para escapar de la peste que azota a Florencia a mediados del siglo 14.
Lejos de los placeres orientales, los 10 inútiles se dedican a correr por las praderas, jugar como chicos, dormir la siesta y contarse cuentos a la nochecita, uno cada uno por día, según el tema que fija el rey del día, quien al final de la jornada pasa su corona de flores al designado para el día siguiente. Ni le cuento lo que son las 100 historias, porque no vale la pena, pero hay algo que las unifica: son tanto o más aburridas que sus relatores. Ni siquiera levantan cuando el tema del día promete un poco de pimienta ("historias de maridos engañados", por ejemplo). Todos y cada uno de los cuentos tienen su trasfondo de enseñanza moral y su moraleja, los malos la pagan y se van al infierno, los caballeros piden perdón a las damas por los exabruptos y las damas se lo conceden sin dejar de ruborizarse. Pero de coger, ni hablar. Un embole.
Moraleja: si quiere divertirse, pruebe la baklava y olvídese de la muzzarella.
abril 12, 2005
Salinger
"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo eso de mi infancia, que hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás idioteces, estilo David Copperfield; pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero, porque es un aburrimiento, y segundo porque a mis padres les daría un infarto si yo me pusiera acá a hablar de su vida privada. Para esas cosas son especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no les gana nadie. Además, no se crean que voy a contarles mi autobiografía con todos los detalles. Sólo voy a hablarles de una cosa loca que me pasó la última Navidad, antes que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme acá a reponerme un poco".Así empieza El guardian entre el centeno que parece ser una de las obras maestras de la década del '50 estadounidense, si es que eso quiere decir algo. Sé que meterse con Salinger no es algo fácil pero después de este inicio deslumbrante que me obligó a leer página tras página de las andanzas de un adolescente que uno no termina de entender si está un poco desquiciado o qué, me aburrieron los detalles de algo que quizá en los '50 fuera bastante revulsivo pero que hoy no pasa de costumbrista. Le diría que de las doscientas setenta y cuatro páginas de la edición de edhasa, hay cien que están muy buenas y a partir de ahi empieza a adormecer, sobre todo porque con este comienzo uno espera que realmente pase algo catastrófico y eso nunca llega.
marzo 09, 2005
Combo Eugenides: toma todo.
Se puede decir que con esta historia empecé al revés. Lo primero que conocí de ella fue la banda sonora de la película, un disco glorioso de Air. La película tardó bastante más en llegar, precedida por todo el barullo que puede generar el debut como directora de la hija de Coppola, la morocha que hace de Mary Corleone en El Padrino III. La película resultó mucho mejor que las altas expectativas que pudiéramos hacernos (si no la vio, alquílela, hagame caso, y ya que está alquile también Perdidos en Tokio y haga el doblete, que vale la pena, yo sé lo que le digo). Después vino la nota de Radar que le contaba más abajo y la lectura de Middlesex, y con todo eso conseguir Las vírgenes suicidas se transformó casi en una cuestión de estado. Lo logré hace un par de meses, justo antes de irme de vacaciones. Les quedaba sólo uno (el último en todas las sucursales) y estaba medio baqueteado, y para colmo es un libro caro (39 mangos) y no me hicieron ni medio peso de descuento. Pero me lo compré igual. Y no me arrepiento en absoluto.
La historia, contada en primera persona del plural, tiene la forma de los recuerdos que un grupo de cuarentones "coleccionaron" en la época adolescente, cuando vivían "obsesionados" por sus vecinas, las hermanas Lisbon, cinco chicas de entre trece y diecisiete años, hijas de una madre dominante, ultra católica y conservadora y un padre dócil y resignado. El puntapié inicial de la leyenda es el intento de suicidio de la menor, concretado en segunda vuelta unas pocas semanas después. El golpe es demasiado fuerte, tanto para la familia como para el resto del barrio. Las estrictísima normas de la familia (nada de salidas con chicos, vestidos tres talles más grandes, quema de discos de rock y otras delicias similares) hacen eclosión después de que una de ellas llega de una fiesta dos horas más tarde que sus hermanas. La madre entonces impone un encierro definitivo para la familia, pretendiendo aislarlas del mundo y las tentaciones. Un año y medio después, las cuatro hermanas restantes se suicidan y sus muertes no hacen más que agrandar el mito. Pero antes del final, las chicas encuentras formas de comunicarse y hasta de pedir ayuda que los narradores, sus vecinos y hasta se podría decir sus admiradores más fervientes, no logran comprender hasta que ya es demasiado tarde.
Otra vez Eugenides usa el caso particular para contarnos historias más grandes. Las hermanas Lisbon son el reflejo condensado del "misterio de la femineidad" (como dice en la contratapa) visto a través de los ojos de un grupo de "hombrecitos", un enigma que ni siquiera veinte años después, con la "vida hecha" y todo logran desenredar. Otra vez, usa una metáfora deliciosa para acompañar a la historia principal: la desgracia de las hermanas Lisbon es casi paralela a la agonía de los olmos del barrio, afectados por una plaga rarísima y condenados por las autoridades a la poda completa.
Con este libro me pasó algo que nunca antes me había pasado: lo terminé de leer (lo devoré, como siempre que una historia me atrapa) y de inmediato lo leí de vuelta. Ni la revista del domingo quedó en el medio: así como llegué a la página 229 volví a la 9 y lo empecé otra vez. Y volví a devorarlo.
Una nota más a propósito de la película: es una de las mejores adaptaciones que recuerde, con la ventaja de que se trata de un libro bueno que resulta en una buena peli.
A propósito del affaire Almudena Grandes, tengo que hacer un descargo: el libro que yo le recomendé no era ese que usted intentó leer y no pudo sino Los aires difíciles. Ése es el único que leí además de Las edades de Lulú (que no me gustó demasiado).
marzo 07, 2005
Combo Eugenides: primera toma.
Salvando las distancias (siderales, pero créame que vale la comparación), Middlesex es una saga familiar al mejor estilo Cien años de soledad. Pero mientras en la de Gabo el realismo mágico inunda la historia de la familia, la hace densa y por momentos difícil de seguir y hace que los componentes "mágicos" cobren mayor importancia que lo "humano" (no me diga que esta no es una tesis aventurada digna del mejor crítico de suplemento de cultura), en Middlesex lo más importante es la familia Stephanides y todo lo demás se subordina a contar su historia.
No tengo dudas de que si siguiéramos el camino de la comparación encontraríamos paralelismos como para hablar durante meses. Pero también estoy segura de que ni usted ni yo queremos hacer eso. Así que me voy a concentrar en Middlesex y usted tendrá que completar los razonamientos. La historia de los Stephanides se remonta a la década del veinte y empieza en una aldea griega en Esmirna, devastada por los turcos. De allí se escapan dos hermanos huérfanos y logran subirse a un barco que los lleva a América. Cuando llegan a Detroit son marido y mujer. Instalados en la casa de una prima, los hijos de las dos parejas crecen juntos y también se casan. El producto final de tanta sangre mezclada consigo misma es Cal, el narrador de la historia, un hermafrodito criado como Callíope hasta que, en pleno desborde de la adolescencia, las hormonas masculinas se le rebelan y lo revelan. Una historia singular contada como la consecuencia natural de una historia familiar, en la que el cultivo de la seda (un don natural que Desdémona, la matriarca, trajo de su tierra) es una metáfora hermosa de la historia de Cal. Entremezclado con todo eso, pasan muchos de los grandes hitos americanos: el furor fordista, la gran depresión, la ley seca, los contrabandistas de alcohol y los bares clandestinos, los enfrentamientos raciales, la guerra, los dorados '50, la arquitectura moderna, el cadillac y hasta los hippies. Eugenides es un descendiente de griegos nacido en Detroit y sabe de lo que habla. Cal necesita contarnos su gran secreto para poder entenderlo y entenderse y lo hace de una manera simple, en un perfecto desorden que va mezclando las distintas décadas del siglo, hilvanadas como largos hilos de seda que nos invitan a tirar de ellos cada vez que el narrador los deja sueltos para retomarlos después.
No sé si con todas estas frases ingeniosas que escribí puedo convencerlo de que lea Middlesex. Pero si necesita algo más directo, acá lo tiene: cómprelo, consígalo, búsquelo en internet o pídamelo prestado. Pero léalo. Estoy segura de que a usted le va a encantar.
Cambiando un poco de tema: tengo ganas de poner una columna acá al costado con links a las citas de libros de La Lectora, ¿qué le parece la idea?
febrero 24, 2005
Almuneda Grandes
febrero 22, 2005
Libros de verano v 2.0 (segunda parte)
Me regalaron El pie de mi padre, de Zoé Valdés, que es una cubana exiliada que según dice en su biografía es una autora por demás prolífica, reconocida y premiada. Esta la historia de Alma Desamparada (ya se puede dar una idea de cómo viene la mano), hija de una madre muy pobre que la trata como si le hubiese arruinado la vida y un padre desconocido. Hasta la mitad del libro, más o menos, su destino parece no ser otro que la misera extrema, hacerle honor a su nombre en un país que la autora pinta tan desalmado como su deplorable familia, incapaz de tener sentimiento alguno. En semejante panorama, ella busca a su padre en cada hombre con el que se cruza, convencida de que lo va a reconocer por sus pies. Pero entonces ella "decide" rehacer su historia, inventar una gran mentira para hacer que su vida valga la pena. Según dice la contratapa todo lo que viene después de esta declaración es una "vida imaginaria en la que ella se convierte en una escritora de éxito", pero a mí no me queda taaan claro, es cierto que es demasiado cambio pero en ningún momento está muy explícito que sea todo una fantasía. Más o menos lo que pasa es que ella de repente crece, se enamora de un funcionario de la revolución que después se muere en un accidente aéreo, conoce a su padre y lo "perdona", se hace amiga de dos jóvenes que se contagiaron de sida voluntariamente (¡¡!!), se descubre embarazada y así y todo decide dejar la isla en un bote, ¡ella sola!, casi se muere en el medio de una tormenta caribeña, pero es rescatada y llevada a ¡Guantánamo!, y después se va a ¡París! y tiene a su hija y vive feliz sin tener que volver a "bajar la cabeza jamás". En el medio, palos y más palos al régimen, su burocracia, su deshumanización y sus consecuencias. Y sí, parece todo una gran mentira, pero en ningún momento hay algún nuevo elemento que nos permita ver lo que supuestamente pasó con la real y/o verdadera Alma Desamparada que se moría de hambre e imaginaba una vida mejor. Qué quiere que le diga, yo que Ud. no lo intentaría: si quiere leer historias de gente muy pero muy pobre, le recomiendo Ojos azules, de Toni Morrison, que me parece mucho más interesante y mejor escrito.
Ahora me toca la peor parte, confesarle que leí un libro de... ¡Jaime Bayly! Sí, aunque no lo crea, el único atenuante que se me ocurre es que me lo regalaron (junto con el libro anterior, aunque lo único que comparten es que en aquel la autora se llama Zoe, que es el mismo nombre de la protagonista de éste). En fin, el tipo no deja de ser un personaje interesante que dice cosas que escandalizan a más de un pacato, aunque sea más efectista que otra cosa. Le decía que La mujer de mi hermano está en las antípodas de El pie de mi padre: de los chicos pobres que tienen hambre pasamos a los ricos que tienen tristeza. Y sí, acá hay guita para tirar al techo, una ostentación casi revulsiva. Ignacio es el banquero más poderoso del condado, un tipo correcto, obsesivo con sus rutinas y sobre todo controlado, que tiene una esposa "bellísima", dedicada a hacer gimnasia y cursos inútiles. La única cagada es que no pueden tener hijos porque él es estéril. Pero salvo ese detalle, todo es tan perfecto que los dos se aburren, sobre todo ella, hasta que no se le ocurre mejor idea que darle cabida al hermano menor de él, un pintor bohemio y apasionado, tan mantenido como ella, cuyas prioridades son el arte, el alcohol y las mujeres, no siempre en el mismo orden, y que para colmo se quiere "vengar" de su hermano, no sólo porque es más exitoso sino por un lejano episodio de sexo entre hermanos (que está traído bien de los pelos como para no dejar de tocar un tema que parece tan imprescindible a la literatura de estos tiempos). Cuando se encama con el pintor, Zoe encuentra el "equilibrio": el tipo que le da seguridad, contención y, sobre todo, una chequera solvente, y el que le da masa a más no poder. Todo iría bárbaro si no fuera porque ella es una completa tarada que deja el celular prendido sin querer, haciendo que el banquero empiece a darse cuenta de que le adornan la cabeza. Usted esperaría el Gran Despelote, con ríos de lágrimas, gritos, sangre y vendettas, pero no, Ignacio es tan controlado que no sólo termina perdonando a todos sino que además se hace cargo del hijo que le hizo el hermano a su mujer. Así y todo, la historia no estaría tan mal si no fuera que además está plagada de lugares comunes (la histérica, el trabajador-aburrido vs. el bohemio-pasional, el culto al cuerpo, el dinero vs. la pasión, el matrimonio vs. la libertad, y mil etcéteras más), inundada de repeticiones innecesarias y escrita de una manera que hasta a Corín Tellado le daría vergüenza. Le doy un ejemplo: Zoe quiere dejar a su marido y piensa en escribirle una carta de despedida y nos detalla todo lo que piensa decirle en ella. A continuación, viene la carta de despedida donde le dice todo lo que nos había adelantado en la página anterior. Porque, por si fuera poco, todo el libro está narrado desde los puntos de vista de los tres, pero en una forma en que las visiones no se complementan sino que se superponen. Y no sólo eso, los personajes son tan pero tan estereotipados y tan pero tan detestables y mezquinos y estúpidos que hasta tientan a pensar que todo es a propósito y que Jaime en realidad se está riendo de nosotros, contando una suerte de folletín hiperexagerado vaya a saberse con qué intenciones transgresoras.
Y para terminar, el pasajero VIP del bondi: La noche del oráculo, de Paul Auster. No le voy a decir demasiado de este libro porque hablan de él en todos lados, "el esperado regreso del mejor Auster". Más allá de que el tipo sigue escribiendo historias de escritores, en este caso el planteo es muy bueno: una serie de novelas, una adentro de otra como las cajas chinas. La historia de un escritor, Sydney Orr, que sobrevive a una enfermedad por la que lo habían desahuciado y empieza su lenta recuperación escribiendo, en un cuaderno azul (con sugeridas propiedades extraordinarias, para mí, desperdiciadas) la historia de un editor que, enfrentado a la muerte, decide cortar con todos sus lazos y empezar una nueva vida en otro lado, llevándose sólo un manuscrito, una historia inédita de una escritora consagrada que decide escribir algo diferente a toda su producción. No me diga que no suena interesantísimo, sobre todo por el mix que surge de la historia principal mostrada en los hechos, la segunda esbozada en el cuaderno y los detalles parciales de la tercera, necesarios para darle estructura a la anterior. Todo bien hasta que la historia del cuaderno azul entra en un punto muerto (lo que me lleva a un lance más que audaz ¿será el mismo punto muerto de Auster, que no puede salir de las historias de escritores?), y la linda estructura se diluye para priorizar la de Sydney y su necesidad de reconstruir su vida de una vez por todas. En fin, el libro fluye, como decimos siempre, se deja leer, pero si quiere mi opinión, todavía está bastante lejos de La música del azar, Mr. Vértigo y Leviatán, que sin duda son el mejor Auster.
febrero 20, 2005
Libros de verano v 2.0 (primera parte)
Leí El grito, de Florencia Abbate, que es una novela construida a partir de cuatro historias cuyo principal vínculo es que suceden a fines del 2001, entre cacerolazos y presidentes renunciantes. "¿Y eso les da unidad?", me preguntará Ud. Bueno, le contesto yo, si no recuerdo mal, el protagonista de la primera, un típico post-adolescente de estos tiempos es el hijo de un empresario que a su vez es el novio del decorador de interiores que escribe la larguísima carta que es la tercera historia y a su vez es un viejo conocido del ex-guerrillero que repasa su vida y sus amores en la segunda parte, uno de los cuales, el más significativo, es una escultora enferma terminal, que se aisló del mundo en su departamento hasta que del cielo le cae de visita un amigo del hermano del pibe de la primera parte (literalmente, el chico aterriza en el balcón de la mujer). No, no me ponga esa cara, ya sé lo que me va a decir, pero en la solapa (que Ud sabe que leo con tanta atención como las contratapas) dice textualmente: "El grito es su primera novela". Sea lo que sea, todas esas voces le dan algo que a mí me gusta tanto: multiplicidad de puntos de vista. Ese es, para mí, el mayor acierto de El grito: escuchar lo que cada personaje tiene para decir, en primera persona. Claro que algunos lo hacen de una manera más verosímil que otros y todos terminan, tarde o temprano, declamando o explicando demasiado. Porque, por otra parte, la novela que no se priva de nada: la coyuntura de una época turbulenta, los recuerdos de otra (y sobre todo las diferencias entre ambas), las familias disfuncionales, el sexo, la enfermedad, el toque homosexual, y hasta un poco de alarde de una gran cultura general (Ud. sabe cuán difícil es para quien escribe, sustraerse a la necesidad de mostrar cuánto sabe y cuánto leyó en su vida). Todo eso da como resultado un universo que supongo que al común de la gente la deja afuera, mirando incrédula como si se tratara de uno de esos programas de la tele lleno de travestis, bailarinas de caño y marginales. A pesar de todo esto, El grito se deja leer, es llevadero, está bien escrito y, con su galería de personajes entre freaks y abúlicos, no deja de ser una pintura de una época casi idem.
En el extremo opuesto de la primera persona declamada del libro anterior, leí "Medieval Times", un cuento de Roberto Fontanarrosa que forma parte de La mesa de los galanes. No recuerdo si alguna vez hablamos del Negro, pero a mí me parece brillante, de lo mejor que han dado estas tierras a la literatura. Los textos del tipo fluyen, tienen un timing perfecto y te llevan con una naturalidad asombrosa. Los personajes son tan verosímiles que prácticamente los escuchás hablando, contándote lo que quieren contarte. En este sentido, "Medieval Times" es impecable, tanto en estructura como en la historia: es el largo monólogo de un tipo que le cuenta a un amigo lo que le pasó en un viaje a los Estados Unidos y de paso expone todas las lacras y miserias del típico argentino medio, xenófobo, racista, machista, desbordante de prejuicios y viveza criolla. A diferencia de cualquiera de los personajes de El grito, un tipo que cualquiera puede conocer. Si quiere se lo mando, lo tengo en un documento de Word.
Y como este bondi ya está demasiado lleno, le cuento uno más y me dejo el resto para otro capítulo: después de una sobredosis de Eugénides que le detallaré en otras oportunidad, leí El gusano máximo de la vida misma, de Alberto Laiseca, que es el tipo de bigotes extra large que cuenta los Cuentos de terror en los sábados de I-Sat, si no me equivoco. No es el primero que leo de él y tampoco el que más me gustó, y le digo esto porque no sabe lo que me cuesta decir algo de este libro. Es la "historia" de un gusano que va de techo en techo, listo para saltar sobre las mujeres y cogerlas, ayudado por su capacidad de cambiar de aspecto, emitir penes y su talento para la seducción. Es también, una suerte de estudio sociológico sobre las cloacas de Nueva York (o de Buenos Aires, ni siquiera el autor lo tiene claro todo el tiempo), su estructura social, sus habitantes y formas de vida. Pero es, más que nada, un delirio sin par de un autor que se especializa en delirios: uno lo lee y no termina ni de sorprenderse ni de creer que haya alguien capaz de escribir de ese modo entre directo, bizarro y revulsivo. La verdad es que me resultó muy original y muy divertido, pero si Ud. nunca leyó a Laiseca le recomendaría que empiece por algo un poco más normal, como Beber en rojo, que es algo así como la historia de Drácula en el año 2000. Y es muuuy bueno.
Eso es todo por ahora, aunque no quiero terminar sin volver al tema Bolaño. ¿Vio que ahora todo el mundo lo conoce y lo lee? No sé Usted, pero a mí hasta me dieron ganas de revisar el post de Putas asesinas. Qué quiere que le diga, tanto revuelvo y homenaje póstumo me dan ganas de incursionarlo un poco más. Avíseme si consigue algo.
febrero 17, 2005
Libros del verano
Para empezar me tomé el trabajo de leer La función del orgasmo, de Wilhelm Reich. Lo mejorcito. Un libro difícil no por lo erudito sino por la forma en que fue escrito o traducido. Reich fue discípulo de Freud, militante del Partido comunista, y el precursos de las terapias corporales que están tan de moda. Este libro cuenta la historia de su progresiva separación del psicoanálisis ortodoxo y su descubimiento de la terapia del orgasmo y le bioelectricidad. Lo más interesante para mí -que ya conocía más o menos el pensamiento de Reich- es leer cómo él se considera el guardián del pensamiento psicoanálitico original y a todos los demás, incluído Freud, como desviacionistas, en función de que energía sexual deja de ser el tema principal para concentrarse en otros temas, como el instinto de muerte. Reich cree que todas esas "intelectualizaciones" son concesiones del psicoanalisis a la moral burguesa.
Después leí Por los pelos, de Marian Keyes, que según la contratapa es una de las revelaciones de la literatura joven inglesa (no se si eso lo ha leído alguna vez en alguna contratapa). Me sorprendió que en la calle Guemes de Mar del Plata, una librería reconcheta tenía varios libros de ella en la vidriera. No lo lea. Es una especie de Corin Tellado moderno, con el condimento de amigos homosexuales, trastornos de la alimentación, un poco de psicología barata y mínimo sexo explícito. Hay gente que se gana la vida fácil.
Después, aunque no lo crea, leí El código Da Vinci. Le comento que Martín lo leyó en 24 hs. No es tan largo como parece. Al principio me enganchó pese a los obvios clichés de novela policial barata. Luego me aburrió, y finalmente me molestaron las trampas que fue haciendo al lector para llevarlo por caminos equivocados. Un producto de acá a la china, que, como las Tortugas Ninja, tienen un éxito insospechable hasta por la gente que conoce el negocio bien. Ojalá supiera como se hace, porque me pongo ya mismo a escribir. En cuanto a la información histórica, no conozco mucho lo que a la Edad Media y Templarios se refiere, pero en lo que es la prehistoria de los evangelios, por no decir el cristianismo preconstantiniano, me parece que su documentación es bastante berreta. Creo que uno de los éxitos es el caño que le da a la Iglesia.
Luego, en mi afán de lectura Robinsoniana, leí Salvajes, pero esa se la dejo para una próxima entrega.
diciembre 01, 2004
¿Una voz imprescindible de la literatura en lengua española?
Putas asesinas es, además, el título del único cuento del libro que realmente vale la pena. No es una cosa que uaaaa, pero después de leer más de cien páginas de las que la mayor parte se la llevan tres cuentos cuyos personajes se llaman "B", "padre de B", "M" "U" y cosas por el estilo y vagabundean por México y Francia, aburriéndose -y aburriendo a los lectores- , meterse en la historia de "Putas asesinas" es casi el paraíso: una mina "elige" a un tipo que ve cantando en la tele, va a levantárselo al estadio, se lo coge y, cuando empieza el cuento, lo tiene atado a la silla y le explica, mediante un discurso alucinante y alucinado, por qué lo va a matar, mientras el tipo lo único que puede hacer es gesticular y desesperarse.
En una frase de ese cuento se basa la buenísima operación de marketing que hay en la contratapa del libro. Claro que nadie espera que allí se tire abajo la obra que se presenta, pero al menos un poco de sinceridad no estaría de más. Decir que "Carnet de baile" son 69 razones para no bailar con Neruda es audaz, de los viajeros aburridos, dice que es un "descenso a los infiernos", pero lo peor es que rescata "Fotos", que es el típico cuento en el que el autor quiere demostrar cuánto sabe: el protagonista, anclado en África (aunque también podría estar en Madrid, Siberia o la luna), encuentra una edición especial de poesía francesa y la repasa, mira las fotos de los autores y piensa pelotudeces. Y a este tipo lo presentan como un consagrado, se da cuenta...
Del resto del libro, poco y nada. Algunos recursos estilísticos rescatables y adjetivos para copiar en la libreta. Me gustó bastante el cuento de los jugadores de fútbol que se transforman en cracks gracias, supuestamente, a la magia negra, pero ni con éste logra cortar el clima de abulia y excepticismo que atraviesa este libro lleno de perdedores aburridos. Qué quiere que le diga, la verdad que la moda loser me tiene bastante podrida.
Ud. sabe que todavía leo libros de papel. Y que Anagrama no es una colección barata. Putas asesinas llegó a mi casa gracias a la manija que le dio Fresán en el Suplemento Radar de Página/12, otra excelente operación de marketing. No se asombre si dentro de un tiempito le llega la noticia de que Bolaño le hizo un monumento a nuestro querido Rodriguito.